Mientras la atención mediática se centra en nuevos récords de autonomía o en arquitecturas de 800 voltios, hay una tecnología fundamental del coche eléctrico que evoluciona casi fuera del foco. La frenada regenerativa actual poco tiene que ver con la de hace cinco años, y algunos modelos ya alcanzan potencias de recuperación que, en determinados momentos, se acercan a las de un punto de carga rápida.